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APORTACIÓN 1

La piedra angular de la sostenibilidad: la participación

La patrimonialización de la legitimidad para hablar en nombre de la ciudadanía de la que suele hacer gala la administración, unida a la falta de mecanismos de contraste naturales entre las fuerzas políticas y sociales, además de imposibilitar el debate y la crítica constructiva, supone niveles de confrontación estériles como resultado de la ausencia del reconocimiento del papel social que cumple la sociedad civil organizada.

En la presentación por Juan José Ibarretxe del "Compromiso por la sosteniblidad del País Vasco", documento de hondo calado donde en el capítulo dedicado a la Cohesión y Participación Social dice: "la participación de todos los agentes sociales en la configuración de las políticas y la toma de decisiones contribuirá a interiorizar los valores de solidaridad y de respeto al medio ambiente", no se contó con la presencia ni de un solo miembro del movimiento ecologista.

Este ha sido el concepto de participación y desarrollo sostenible que se ha tenido hasta hoy por parte de la administración. Desconocer el punto de partida, obviarlo por cruel que este sea, supone un ejercicio de voluntarismo nada operativo si lo que de verdad se quiere es avanzar hacia una situación radicalmente diferente a la actual.

La única vía de participación social directa en materia ambiental es la exposición pública de los EIA, lo que significa un mes para analizar tochos de cientos -a veces miles- de páginas, sin disponer de copias ni planos cabales de los proyectos, sin que existan siquiera espacios físicos para consultar la documentación, o como en un reciente caso en Bizkaia tras múltiples gestiones se consiga el acceso a la documentación a cambio de 50.000 Ptas. por las fotocopias.

El resultado de tan ímprobos esfuerzos, una carta redactada a troquel para todos los alegantes donde se vuelven a recoger literalmente partes del documento inicial sin razonar los motivos que llevan a la administración de turno a rechazar las alegaciones presentadas, esto en el menos malo de los casos, en la mayoría un silencio inmisericorde.

Esta situación da lugar a reflexiones del siguiente tipo "si echamos al río todos los escritos enviados a la administración en los últimos años -contra los dragados, frente a las canalizaciones, denunciando vertidos, demandando la recuperación del bosque de ribera, etc.- colmataríamos su lecho". Desde esta constatación se empieza por reducir las alegaciones a la mínima expresión, porque la relación entre esfuerzos empleados y resultados cosechados es descorazonadora, y se utilizan las energías para enfrentarse directamente al proyecto.

Para cerrar el círculo vicioso de los despropósitos, las subvenciones dejan fuera expresamente los gastos de funcionamiento de las organizaciones, así: nos comunicamos mediante txalaparta, tenemos los escuálidos archivos bajo nuestros colchones, redactamos nuestros documentos con tiza sobre las paredes de las calles y, como los pajarillos del señor, nos alimentamos de lo que buenamente trae la primavera.

El derecho a -y el deber de- la participación en la res publica, no se concibe per se como algo innato a las sociedades policéntricas, con niveles de vertebración muy superiores a la simple identificación del estímulo mecánico propaganda-voto electoral, sino que más parece provenir de una concesión graciosa de su majestad Leviatán. Así, las formas de representación y articulación de la voluntad popular quedan más que limitadas, secuestradas, en la vorágine electoral cuatrianual.

De la democracia representativa o delegada a la democracia participativa, hay saltos no meramente cuantitativos sino también cualitativos, de interpretación del fenómeno del poder, el derecho y la democracia, que exceden el marco de debate que aquí tenemos planteado.

En cualquier caso el debate entre legalidad y legitimidad planteado en términos de exclusión, como se da en la actualidad, invalida las posibilidades de avanzar en la complementariedad entre las instituciones y la sociedad civil, para poder hacerlo falta el presupuesto previo del reconocimiento mutuo.

En lo que sí se puede -es casi obligatorio- avanzar, es en poner en valor el actual modelo de participación, removiendo los obstáculos que lo hacen totalmente inoperante. En este sentido habría que adoptar, a título indicativo, las siguientes medidas:

- hacer efectivo el derecho de acceso a la información en materia ambiental
· adscripción de los medios técnicos necesarios (espacios físicos adecuados en todas las instituciones para la consulta de documentos, personal cualificado)
· configuración de un listado mensual integrado para enviar a las asociaciones según su marco territorial, con todas las materias referidas al medio ambiente abordadas por la administración

- hacer operativos los actuales instrumentos de participación
· en los órganos de participación habilitados crear permanentes con presencia de la parte social para la configuración de los órdenes del día, confección y envío del material suficiente relativo a los temas a tratar, periodicidad
· en los procesos de información pública comunicación inmediata a los grupos sociales interesados con inclusión de los recursos posibles e indicación de la persona concreta encargada de la tramitación

- avanzar en experiencias de base participativa
· comisiones abiertas al público en todos los niveles de la administración con especial incidencia en el marco local
· establecimiento sistemático de consultas directas y referéndums en temas de especial trascendencia y en aquellos que exista controversia social
· abrir las puertas a la iniciativa legislativa popular sin requisitos draconianos
· introducir en el corpus jurídico mecanismos reglados de participación activa de la sociedad civil con carácter vinculante

- reconocimiento positivo de la interlocución de los grupos ecologistas
· reconocimiento jurídico del carácter de parte legítima para los grupos organizados que así lo soliciten en su marco de actuación
· gratuidad en la tramitación de los recursos interpuestos, incluido el pago de los honorarios profesionales, siempre que por sentencia judicial no se declaren infundados o sean claramente temerarios
· financiación de los gastos acreditados por los grupos sociales para su funcionamiento, desterrando la actual política de subvenciones

ECOBAROMETRO SOCIAL 2001

¿Qué opina la Población Vasca sobre el Medio Ambiente?

Gráfico 10: ¿Cuánta confianza tiene en que cada uno de los siguientes agentes le dé información correcta sobre temas de medio ambiente?

Mucha confianza:
- Grupos y asociaciones ecologistas................................... 26 %
- Gobierno Vasco............................................................. 4 %
- Unión Europea............................................................... 2 %
- Empresas e industria...................................................... 1 %

Mucha + bastante confianza:
- Grupos y asociaciones ecologistas.................................... 77 %
- Gobierno Vasco.............................................................. 44 %
- Unión Europea............................................................... 29 %
- Empresas e industria...................................................... 12 %

Poca + ninguna confianza:
- Grupos y asociaciones ecologistas................................... 18 %
- Gobierno Vasco............................................................. 47 %
- Unión Europea............................................................... 56 %
- Empresas e industria...................................................... 84 %

Tomando como buenas las cifras del propio Departamento de Medio Ambiente, nos encontramos con la paradoja de que, excepto las empresas, son las instituciones las que gozan de menor credibilidad en materia medio ambiental, cuando detentan -con mano férrea habría que añadir- el monopolio de la representatividad social.

Especial mención merece, para el tema que nos ocupa, el caso del Gobierno Vasco, que obtiene un grado de confianza (mucha o bastante) del 44 % y un grado de desconfianza (poca o ninguna) del 47 %, frente al movimiento ecologista con un grado de confianza del 77 % y de desconfianza del 18 %.

Dejando de lado el Gobierno Central -la institución con peores resultados-, sorprende la gran desconfianza que merece para la ciudadanía de la CAV la Unión Europea 56 %, cuando por otro lado es el polo de referencia incontestado para la administración autónoma, como bien prueba este Programa Marco Ambiental que se nos presenta.

Cuando la potencialidad de una propuesta como la contenida en el PMA descansa sobre su grado de aceptación por los agentes sociales en particular y la ciudadanía en general, obviar que partimos de un déficit de credibilidad importante sólo nos puede conducir al fracaso, si desde la administración no se reconoce la legitimidad social del movimiento ecologista como interlocutor privilegiado para introducir elementos de fondo en la política ambiental.

Sólo desde presupuestos de aceptación mutua se puede invertir la actual relación de crispación-exclusión e imposición-enfrentamiento, por otra de colaboración-implementación y credibilidad social-mejora ambiental, basada en la creación de condiciones sociales a través de la información y la participación que hagan posible la recuperación de nuestro hábitat.

Aizkora.

APORTACIÓN 2

Sostenibilidad, biodiversidad y democracia (¿= participación?).

En esta civilización global, las ideologías dominantes, cuando asumen en sus planteamientos la cuestión de la sostenibilidad del modelo y del proceso de desarrollo, parecen hacerlo sólo con el único fin de garantizar la reproducción del sistema capitalista y de sus modelos fundamentales. Desde esta visión, todos los valores humanos y naturales, es decir, el conjunto de esencias de la biodiversidad, tienen que someterse "de forma sostenible" a los principios y necesidades del sistema.

En sus facetas más progresistas, estas ideologías pueden también llegar a reconocer la necesidad de condicionar o adecuar a los valores de la biodiversidad algunos aspectos y principios del desarrollo capitalista, pero sin poner en discusión la prioridad de los elementos fundamentales del sistema. En esta última corriente se pueden enmarcar movimientos y organismos como Greenpeace, Attac y la mayor parte de las ONGs, y, naturalmente, gran parte de los partidos "de izquierda", que plantean varios tipos de reformas "medioambientales" y sociales del modelo que, sin embargo, no tienen que poner en crisis la sostenibilidad de todo el sistema.

Naturalmente, según tales criterios 'progresistas', el vigente sistema tiene que asumir también algunas mejoras de su régimen político-institucional (el Régimen Parlamentario), con medidas de "mayor y mejor participación"de los "ciudadanos". Entre estas mejoras tendría que figurar una presencia más importante de las instancias ecológicas (resoluciones de Cumbres internacionales - Kioto, por ejemplo-, ONGs y otros movimientos sociales institucionalizados o parainstitucionales, partidos verdes, etc.), de manera que funcionen como "mediadores" entre las necesidades de la biodiversidad y las necesidades del sistema de producción y consumo.

Para nosotros, al contrario, la sostenibilidad de la vida en el planeta sólo se puede plantear seriamente a partir de una subordinación radical de los valores, principios, modelos y necesidades del sistema y de su reproducción a los valores y procesos específicos de la biodiversidad, incluyendo en ello la biodiversidad humana, social y cultural.

A la luz de las actuales y dramáticas tendencias del desarrollo, es evidente que un cambio radical de planteamientos es la única condición lógica (y además urgente) para la supervivencia global de la biodiversidad, tal y como se entiende actualmente, inclusive, por supuesto, la supervivencia de las sociedades humanas.

Con relación al régimen político-institucional, el modelo parlamentario, sobre cuyo funcionamiento se apoya en gran medida la reproducción social del modo de producción capitalista, consideramos que la idea de participación de todos los sujetos sociales sólo es posible, coherente y real cuando:

- en las propuestas de "más" "participación" se substituyan las determinaciones ideológicas y las mediaciones organizativas autocráticas, como los partidos, por la hegemonía de los valores biorregionales y realmente democráticos - biodemocracia - de los movimientos de base y de las iniciativas populares objetivamente conectadas con las cuestiones y necesidades del ecosistema (en sentido absoluto, sociedad humana inclusive);

- se invierte la concepción y estructura del poder público, dando prioridad al poder local, donde existe una relación intensa, directa y permanente con la biodiversidad natural y humana, y transformando a los poderes regionales, estatales e internacionales en subsidiarios de los poderes locales;

- se substituyan a los artificios mecánicos de participación y a los conceptos cuantitativos de "mayoría-minoría", "mayorías electorales", a los procesos electorales partidocráticos y a la representatividad parlamentaria, etc, con procesos de participación activa, real y colectiva, en los que resulten privilegiados organismos y actividades populares locales, con principios de representatividad directa y rotatoria, arbitrada de forma permanente, regulada con una reclasificación de las remuneraciones políticas con referencia al reparto social del trabajo, y con otras medidas que substituyan los condicionamientos económicos, centralistas, suprarregionales e ideológicos con procesos y principios de democracia real, directa y permanente;

- se pongan en marcha procesos de reconstrucción social territorial fundados en la biodiversidad, en donde los aspectos sociales y culturales de cada comunidad sean prioritarios con relación a las nociones e intereses de estado y de uniones de estados, y restableciendo un control social sobre los grandes poderes económicos transnacionales, los organismos supra-estatales y las demás instituciones internacionales.

+ Crítica del concepto de "ciudadanía", ajeno a los procesos colectivos de formación, expresión y actividad social... (+ participación ciudadana en este régimen: una patraña reformista)...
+ Crítica del discurso científico oficial...
+ Crítica de la "desideologización"...

Añado:
¿Participación activa o participación pasiva?
¿Participación como espectador (aplausos = elecciones) o como actor (social)?
¿Participación encuadrada o participación libre? (¿Campo de concentración o campamento trekking?)
¿Participación virtual o real?

Aizkora.

APORTACIÓN 3

Participación

1. El concepto de "participación", tal y como el concepto de "democracia", para que pueda responder a las necesidades de un desarrollo armónico del ecosistema, tiene que ser deputado de los lastres ideológicos y culturales producidos por el desarrollo capitalista. La participación, vista desde el punto de vista del desarrollo armónico de la biodiversidad, tiene que responder a las exigencias naturales de las sociedades humanas, a partir de la base local, allí donde solo es posible una relación directa y permanente con la biodiversidad.

La posibilidad de participación real exige la máxima facilidad al momento de plantear formas populares, autónomas y locales de organización, no condicionadas por formaciones ideológicas y jerárquicas como los partidos o como los grandes movimientos sociales extralocales.
La participación es real si responde a intereses y necesidades reales del ecosistema y de las sociedades que viven en él. No puede resultar determinada por exigencias ideológicas y autoritarias.
La participación es coherente si se funda en la actividad consciente y colectiva con relación a los intereses populares y bioregionales. Tiene que responder a una práctica, a un debate y a una verificación permanente de y entre los colectivos directamente implicados.
La participación es efectiva si no está sistemáticamente subordinada a valoraciones y evaluaciones contingentes y extrañas a los procesos populares, como las categorías establecidas por unas elecciones periódicas masivas y monitorizadas.
Hablar de participación en presencia de un contexto dominado por la partitocracia, por el sistema electoral actual y por los valores parlamentarios de minoría y mayoría es absurdo, o por lo menos contradictorio.





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