<<
Silvio-Rodriguez.net
Radio
Silvio Rodriguez Irratia
(para
poder oír
la radio necesitas un reproductor
de mp3)
E n t r e v i s t a s
Entrevista a Silvio Rodríguez en el programa
«Esto no tiene nombre» de Radio Progreso (Real Audio), Cuba.
I. ... cuando yo era un enano ...
No hay diferencia entre ser niño y ser rebelde; diría que es casi una redundancia. Sobre todo porque nos educan bastante mal. Nos meten muchas ideas: niño, no hagas esto, no hagas lo otro, esto es malo, esto es bueno; y el niño se rebela cuando ve una contradicción entre lo que le han contado de cómo deben ser las cosas y como ve cómo es la gente. Ahí nace la rebeldía, y por eso te digo que no es nada contradictorio esto. Cuando uno es niño es cuando se enfrenta a las contradicciones por primera vez. Y ese germen de las contradicciones comienza a convertirse -por elementos de carácter o genéticos- en cosas que te aplastan o que te impelen.
Afortunadamente -aunque yo también tuve mis dosis de represión- estas me llevaron a rebelarme. Yo no fui un niño maldito, extremadamente rebelde, contestatario. Sí fui un niño con muchas inquietudes. No fui un niño especialmente rebelde. Me empecé a rebelar ante las contradicciones que iba descubriendo. Me hice un poco aficionado a los juegos de la imaginación.
Quizás porque mi imaginación no me mentía. Quizás por todas esas contradicciones, por problemas familiares, yo fui más bien un niño introspectivo. Jugaba mucho conmigo mismo, con mi imaginación. Y con los niños que tenían afinidad conmigo en este sentido. Eran mis mejores amigos. Así fui escogiendo mis amistades. Ayer estuve en la casa de mi más viejo amigo. Este hombre fue por primera vez a la escuela el día que yo fui. Yo recuerdo ese día. Bajando la loma de la mano de mi madre y él de la mano de la suya. Y recuerdo cuando llegamos a la escuela. Lo recuerdo porque se me fue preparando para ese día y para mí fue un día muy importante. Entre otras cosas porque hice mi primera amistad, que es Giraldo Alayón, un biólogo especialista en arácnidos (ahora está escribiendo un libro sobre todos los tipos de arañas que hay en Cuba, imagínate tú!). Eso fue en la Escuela pública #5, en 1951. Giraldo, a pesar de que se dedicó a la Biología, es una gente con una enorme imaginación. Yo recuerdo los juegos que teníamos de niños. Actuábamos, descendíamos al fondo del mar, subíamos a las montañas más altas, nos encontrábamos con las bellezas y los horrores más grandes, íbamos a otros planetas, al cosmos. Más bien, bajábamos de vez en cuando a la Tierra.
[...] El pequeño príncipe lo leí por primera vez en la adolescencia, tendría unos 16 años.
II. ... pero cantar es difícil ...
Yo no creo que sea tan cortante con el público cubano o con cualquier otro público. Yo creo que ha habido momentos (algunos desafortunados) en que ha habido conflictos con el público cubano y con otros públicos también. No son los momentos que yo recuerdo con más felicidad. Son los malos momentos.
No hay ninguna valoración especial para con el público extranjero. Para nada. El público que yo prefiero es el público que escucha, que sabe escuchar, con cierto sentido de disciplina en el teatro. Quizá porque no me es fácil presentarme ante el público aunque lleve tantos años haciéndolo. Eso se puede llamar timidez o limitación yo no creo que sea tan tímido. Pero tengo mis limitaciones en cuanto a la facultad escénica.
III. .... para si mortifico ...
Yo no nací con vocación de mortificador. En esa canción [Hay quien precisa] me refiero al derecho que uno tiene, cuando sienten las cosas profundamente, a cuestionar la vida y las cosas que no marchan bien. Porque todos somos mortificados por la vida. Y eso nos da derecho a tratar de cambiarla.
IV. ... la canción, compañera ...
No he tomado la canción solo como goce estético (gozo mucho la parte estética) sino que también es una forma de expresar mis inquietudes, mis interrogantes, mis inconformidades, mis soluciones o mis preguntas sin soluciones o mis proposiciones.
V. Sonorama 6
Sonorama 6 fue un grupo que fundó Martín Rojas, el actual guitarrista de Omara Portuondo. Fue un grupo que, en el momento en que yo me incorporo a la vida profesional -en el año 67-, estaba «interrupto». No sé qué tipo de problema tenía. En realidad, eran jóvenes que hacían una música un poco distinta a lo que se esperaba, a la expectativa oficial en cuanto a la cultura en aquel momento. No era un grupo nada desdeñable. Estaba formado por Martín Rojas, que era su director, arreglista y guitarrista; Eduardo Ramos, que también tocaba la guitarra y el bajo; Carlitos del Puerto, tocando el bajo; Enrique Plá en la batería; Changuito en la percusión cubana; Carlos Averoff en el saxo. Era «casi nada» ese grupo. Era «grandes ligas». No quiero dejar de mencionar a Aurelio, que era trombonista. Nunca más lo he vuelto a ver pero me han dicho que anda por ahí, por una orquesta. El tocaba el piano porque no había quien lo tocara. Ese era el grupo.
VI. ... la familia, la propiedad privada y el amor ...
En realidad, he compuesto muchas canciones donde mi hija ha estado rondándome. Muchas. Entre ellas «Mujeres» que le da título a un disco. También, muy señaladamente, ha estado en canciones como «Pioneros». En muchas otras aunque no se vea, aunque no se note, está Violeta. Violeta es mi hija. Ella es mi primer hijo. Tengo cuatro hijos en total (creo). Tres varones y Violeta. Son Silvio Lian, José Ernesto y Omar. No soy casado. Estuve casado una vez, a los 21 años. Duré cinco meses de matrimonio. No quiero decir que no haya tenido relaciones hermosísimas. Que las tenga. Eso es normal, por supuesto.
VII. ... un gran bulto de canciones ...
No sé cuántas canciones he hecho. Puedo haber hecho cinco mil. Cuando empecé a cantar profesionalmente hace 21 años, dejé de contarlas. Calculo que deben ser varios cientos de canciones. Se han grabado bastantes, algunas que no se deberían haber grabado. Creo que todas las canciones que he compuesto no merecen grabarse. Ojalá todas lo merecieran. Quizás hubiera luchado con más fuerza por grabarlas todas. Aun así hubiera sido un problema, porque casi no le hubiera dejado espacio para grabar a otra gente. Yo no soy el único que hace canciones en este país. Y hay un solo estudio [EGREM]. Yo grabo un disco aproximadamente cada dos años porque el flujo y reflujo de mi trabajo no me permite dedicarme constantemente a la grabación. Me encantaría poderme dedicar a componer y a grabar nada más.
Ese es el estado especial e inmejorable para mí. Ojalá yo tuviese un estudio a mi disposición cada vez que se me ocurriera una idea. Pero no lo tengo. Es imposible. La grabaciones que he hecho e otro país han sido coordinaciones empresariales entre la EGREM y otras empresas. Las matrices de esas grabaciones son mías, grábese donde se graben. Uno graba en otro lugar por intereses y negocios que tienen las compañías, pero esas matrices vienen todas para acá. Por ejemplo, hace un año grabamos Oh! melancolía. Bueno, yo traje hasta las multipistas, no solo las mezclas terminadas. Yo me encargué personalmente de recoger cinta por cinta y de no dejar ni una sola copia en cassette. Porque esto es una forma de defender los intereses económicos de Cuba. Aunque Al final de este viaje fue grabado en España en 1979, esa matriz es patrimonio de Cuba, y si no hay discos es porque la cantidad que se hizo se agotó y no se ha reeditado.
VIII. ... la canción de este barco ...
Este viaje tuvo muchas razones. Se remonta a mis sueños de la niñez. Comenzó a gestarse en las primeras películas de piratas, en mis primeras lecturas (Moby Dick, Jack London, Joseph Conrad y todos esos escritores que han escrito sobre el mar). Ahí empezó a gestarse todo eso. Y también porque soy un isleño y porque una de las fundamentales ocupaciones de los isleños es ver el mar y disfrutarlo. Y hacerse preguntas sobre lo que hay más allá del horizonte.
Aquella época era un poco turbulenta, había muchos problemas, los problemas casi me venían a tocar a la puerta. Un día hablando con un compañero que dirigía el Dpto. de cultura de la Juventud -que ahora está en el Partido-: Alberto Rodríguez Arufe (nos fajábamos mucho, pero éramos muy amigos) comenzó la parte concreta de este viaje. Había un barco que se iba a su segunda campaña, y era el Playa Girón. Yo inmediatamente dije: Sí, me voy en ese barco. Yo estuve embullando a algunos amigos a ver si se querían ir conmigo, pues siempre pensé que a lo mejor me sentía un poco solo (de socios afines, del ambiente, de cosas que quizás no pudiera hablar con otros, o de afinidades, de llevarse un amigo a un viaje como ese). Bueno, nadie se quiso ir conmigo. Pero no desistí. Me fui solo. Aprendí en ese viaje que no estaba solo para nada. Hice enormes amigos. Prácticamente me hice amigo de todo el barco. Hasta de sus hierros. Aquel barco que aparentemente iba a Terranova, Groenlandia, resultó que a última hora le dicen que tomara rumbo este y que fuera para los pesqueros que estaban entre Dakar y Cabo Verde. A mí me decepcionó un poco porque me dije: pero no voy a ver los icebergs ni las ballenas azules, ni las orcas.
Pero vi otra gran cantidad de cosas en ese viaje. Vi ballenas, vi orcas. No las vi en el norte, sino en el sur. Hicimos tres campañas. Estuve cuatro meses y medio aproximadamente. Viví experiencias tremendas. Pisé por primera vez tierra que no era de mi país. Estuve en Las Palmas de Gran Canaria, en la isla de Lanzarote -otra de las siete islas canarias. Y estuve en la zona de Namibia donde pude ver en un momento dramático y terrible lo que era el apartheid. Nosotros teníamos [en el barco] a un soviético infartado y llamamos a Welbis Bay, y entonces nos mandaron un médico. Pude ver cómo a un trabajador del barco que se nos acercaba (al que se le tiró un cabo para que se acoderaran los dos barcos) se le cayó y un blanco le pegó una bofetada. Imagínate, la negrada nuestra quería linchar a aquel hombre que era nada más y nada menos que el médico que venía a buscar a nuestro compañero infartado. Costó trabajo calmar a la tripulación para que dejara subir a aquel hombre.
Y así, me encontré cosas realmente maravillosas. Tuve la oportunidad de ver una larga cola de cachalotes que nos detuvo a mitad del Atlántico casi medio día. ¿Te imaginas un barco detenido porque hay una travesía de cachalotes que no lo deja caminar? Si miras a un punto del horizonte, ahí se pierden los cachalotes que están llegando; y si miras al otro punto, ahí se pierden los cachalotes que se están yendo. Y los leones marinos en Sudáfrica que son muy curiosos. A veces íbamos de noche, de un barco a otro. Hacían una fiestecita en un barco (había 4 o 5 pescando en la zona), pedíamos permiso al capitán y tomábamos un bote (con un frío tremendo, neblina). Había que ir con una linterna haciendo señales para llegar al barco y no perdernos. En esa zona el mar es un poco bravío y de pronto en medio de la oscuridad y la neblina uno veía una cabeza al lado de uno y pensaba que era la cabeza de un compañero y cuando se acercaba era un león marino que estaba mirando para adentro del bote, esperando que uno le arrojara algo.
Realmente son esas cosas que uno espera ver. Vi una ballena blanca el día que cruzamos la línea del Ecuador. Una ballena blanca nos siguió desde lejos. La vimos todos, a veces a través de prismáticos. Yo me imaginé que era Moby Dick, aunque no le vi los arpones y muchísimo menos al capitán Ajab aferrado a ella. Fueron tantas cosas! Ese viaje fue extraordinario. Trabajé (un poco, no demasiado, no me quiero hacer el héroe del trabajo ni mucho menos) en las salas de proceso, o sea, procesando el pescado. Ayudé a sacar a cubierta unos cuantos chinchorros (bastantes, por cierto). Ese trabajo sí me apasionaba porque era muy activo, muy peligroso y motivador para mis 22 años. Hice 70 y tantas canciones en esos cuatro meses. Escribí un libro, llevé un diario y recibí ciento y tantos telegramas. El telegrafista del barco se volvía loco. Además, eran telegramas rarísimos; todos mis amigos escribían telegramas muy raros. Eran telegramas en clave, parecían cosas de espías, no parecían cosas de gente normal. Yo los tengo por casa. Algún día voy a publicar algunos. El libro es de poemas. No me acuerdo cómo se llama. Por ahí está. Es publicable, todo es publicable aunque no todo tiene interés.
IX. ... con su cuerno de añil ...
Esa canción no tiene ningún misterio, en realidad. Ese es un tema musical que me salió. O sea, toda la música de la canción Unicornio me salió en determinado momento y era una música que a mí me sugería mucho; yo me identificaba mucho con ella. Y no encontraba las palabras. Estuve bastantes años sin encontrar las palabras. Traté de escribirle distintos textos, pero era como si no..., como si no. Casi dolorosamente, cuando ya me había quitado de la mente o cuando ya no estaba angustiado por encontrarle las palabras a esa música (yo me decía: va a suceder como otras tantas músicas que tengo, que son músicas sin palabras), un día llegué a mi casa y, sin proponérmelo, siguiendo la línea melódica que tenía en la cabeza, escribí de arriba abajo el texto de Unicornio, como está hoy.
X. ... ¿quién se comió mi africana? ...
Hay una onda entre los silviófilos de cómo yo hago una canción así, pero nunca sustentada con un criterio específico de confección. En este caso, impugnan el texto. El texto es llano, no tiene ningún tipo de pretensión, es absolutamente narrativo, casi de crónica. Pienso que la intención se anuncia en el mismo título: «El extraño caso de las damas de África». Es una broma y yo creo que no hay que perder el sentido del humor. Es una canción infantil, para los niños. No habría que olvidar cuando uno fue niño y tuvo ilusión de comerse un dulce que tenía guardado, y cuando lo fue a buscar no lo encontró. No habría que olvidar ese instante de la niñez. Esa frustración: ¿quién me comió esto?! Además, la canción no es inventada. Es una de mis pocas canciones que no es inventada. Porque gran cantidad de las cosas que narro en mis canciones son invenciones (recreaciones). Pero en este caso hay poca recreación.
XI. ... le debo una canción ...
Testamento la hice unos días antes de marchar a Angola, en el año 76. Por si no regresaba. Rápidamente, a pincelazos, dije ahí las canciones que me parecía que yo debía en aquel momento, como si no fuera a tener tiempo después para hacerlas y quería dejar dicho que las debía, que las tenía que hacer. Es para mí una canción de una tremenda significación. Por otra parte, cuando la retomo al paso del tiempo, aquellas cosas que yo pensaba que iba a dejar sin hacer, me doy cuenta de que muchas de ellas son muy difíciles de hacer. En este sentido, es una canción que yo valoro mucho. Me anticipé a los acontecimientos. Hablando en plata, yo no la canto porque, como regresé, no me considero con el derecho a cantarla. Esto lo digo con una sinceridad desgarrada.
XIII. ... yo hablo sencillo, como todo el mundo ...
La pura verdad es que yo nunca he compuesto para la gente. Ni cuando he hecho las cosas más raras ni cuando he hecho las cosas más obvias. También pienso que hay un resultado de un trabajo a través de los años. Yo me acuerdo que cuando empezábamos a cantar existía todo ese mito, lo de las canciones que tenían un lenguaje un poco complicado. Nosotros, en aquella época (digo nosotros no por modestia, sino porque realmente era una tesis sobre todos nosotros, los de la Nueva Trova, en aquel momento) pensábamos que era un problema de divulgación. Entre otras cosas porque la misma trova tradicional demostraba que no era un problema de hacer un lenguaje más o menos poético -y en algunos momentos hasta bastante barroco y complicado. Para citar un solo ejemplo te voy a hablar de Convergencia.
Aurora de rosa en amanecer,
nota melosa que gimió el violín,
novelesco insomnio do vivió el amor
así eres tú mujer: principio y fin de la ilusión...
Es una canción con una redacción realmente muy complicada. Mucho más complicada que la canción más complicada que cualquiera de nosotros escribió. Sin embargo, han sido canciones populares en otros momentos (luego Pablo la retomó y la regresó a la popularidad). Siempre pensamos que era un problema de divulgación, más que de otra cosa. Esos prejuicios que había con la Nueva Trova eran porque nosotros nos ubicamos en que nuestros conflictos eran de ideas. También en ese sentido, nuestros enemigos tenían conciencia de que era un problema de ideas. Y se creó un mito de ciertas supuestas intenciones elitistas o algo de eso. Sencillamente éramos jóvenes que estábamos estrenando nuestras posibilidades y estábamos en la exuberancia del estreno, de la juventud. En mi caso, muy especialmente, yo me las quería gastar todas en cada canción. Cada una la quería hacer más compleja y más poética, y más tremenda, más trascendental. Así uno vive la juventud y así hace las canciones cuando es joven. Después uno como que se lo toma más tranquilo y empieza a mirar las cosas con otros ojos y empieza a ver las posibilidades de experimentación con determinado tipo de lenguaje. Explora zonas del lenguaje, de la canción. Por ejemplo, en una sola canción, hacía una obra de teatro como en Los cazabrujas de Dores. Son exploraciones que uno va haciendo. El año pasado, en «Oh! melancolía», hice algo exploratorio también: crear una atmósfera a partir de cierta forma barroca, de mover la redacción, las imágenes como están utilizadas. O cuando quiero explorar en zonas de lo que tradicionalmente ha sido la música bailable. Lo he hecho en «Cántalo, pero báilalo». Lo he hecho en «Canción urgente para Nicaragua»; en «Imaginada». Aunque esta conserva todavía un vínculo con cierto barroquismo del lenguaje.
|
|
|
|
|
| - Este sitio- en tus favoritos - | - Informa a tus amig@s - |
y
además... puedes oir
Radio
Silvio Rodriguez Irratia
(para
poder oír
la radio necesitas un reproductor
de mp3)
Contacto:
info@silvio-rodriguez.net
Diseño,
realización y mantenimiento: .net
Este sitio es miembro de:
|
|