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E n t r e v i s t a s



Entrevista a Silvio
publicada en el periódico mexicano La Jornada
Domingo 5 de enero de 1997.

ENTREVISTA NO AUTORIZADA CON SILVIO RODRÍGUEZ

Silvio Rodriguez. Foto.Hace algún tiempo, Silvio Rodríguez, el reconocido trovador cubano, nos concedió una entrevista de más de dieciséis horas, con la cual pretendíamos elaborar un libro sobre la vida del músico. Las conversaciones fueron francas y profundas, diversas y polémicas. Sin embargo, Silvio se negó a la publicación del libro si no se aceptaba su participación personal en la corrección de sus respuestas. Razones editoriales y de mercado no han hecho posible la aparición del libro, pero hoy ofrecemos algunos fragmentos inéditos.

TODOS LOS SILVIOS

Habíamos decidido encontrarnos con uno de los trovadores más aplaudidos de los veinticinco años, pero sin su público, sin cámaras de televisión ni fotográficas. Simplemente con unas tazas de café cubano, nuestro deseo de preguntarle y su amabilidad para responder, rodeados de instrumentos musicales y una consola de audio, en un pequeño estudio de grabaciones, en La Habana, asediados por los apagones.

Nos atraía la admiración por su extensa obra, su presumible carácter crítico en cada composición, su difícil pasado de los años sesenta y setenta, su fama en toda América, su modo de vida actual, donde conviven el trovador y el Diputado al Parlamento cubano. Lo que nunca logramos descubrir es si había otros Silvios inmersos en su personalidad ni cuál de ellos finalmente fue el que respondió.

-Tu forma de vida, de un tiempo a esta parte, ha cambiado, en cuanto a carencias materiales se refiere. ¿Es posible que hayas caído en la tentación de acomodarte mentalmente?

-Supongo que he tenido todas las tentaciones, las de Cristo y las de Silvio Rodríguez. Pero si uno no tuviera tentaciones sería fácil, no existiría el mérito. El mérito es el triunfo del espíritu sobre las tentaciones. Pero el hombre tiene memoria, y habrá que ser un desmemoriado, pero no todos los hombres lo son. Si yo estuviera interesado en convertirme en un beneficiario absoluto de mis conquistas, no viviría en Cuba, y he tenido la posibilidad de ganar mucho dinero, peor tengo otras cosas en las que pienso, por las que siento, con las que estoy comprometido,. Yo no puedo echar mi vida por la borda haciendo todo lo que me da la gana, porque carecía de significado todo lo que hasta ahora he vivido, y para mi eso es inconcebible. En los años sesenta, una época tan chocante y tan jodida , varias veces me sorprendí dándole vueltas a la idea de irme de Cuba, entre otras cosas, porque me botaron. A mi me botaron del país.

-¿Te dijeron que te fueras?

-Me dijeron que no podía trabajar en nada que tuviera que ver con la revolución. Y cuando protesté («Pero si aquí la revolución lo es todo»), con la mejor de las sonrisas me dijeron que lo interpretara como quisiera. Con esas palabras, a mi me botaron de Cuba. Pero ni siquiera en ese momento tan nefasto, la tentación fue irme para cantar y hacerme rico, sino por apartarme de aquellos los hombres tan imbéciles, despreciables y absurdos. No me cabe la menor duda de que, aun dentro de Cuba, yo podría vivir muchísimo mejor que como vivo. Y si no lo hago es por vergüenza.

-En esos años difíciles, ¿llegaste a hacer canciones para molestar?

- Si ... «Debo partirme en dos», por ejemplo fue una canción hecha para joder, o «Resumen de noticias», una canción muy desgarradora. Yo estaba suspendido por la radio y la televisión, con toda la mitología de un niño malo detrás. Era algo que me dolía muchísimo, que me laceraba realmente.

El OJO DEL TIGRE

-¿Cómo se sentía Silvio Rodríguez en ésta época que estaba censurado de la radio y la televisión?

-Fue una época en que a cada paso surgía un conflicto y una contradicción. Eran tiempos duros que empezaron a llevarme a una guerra sin cuartel, que me salpicó con alguna que otra paranoia y terminó haciéndome tocar la puerta de un psiquiatra, porque realmente no entendía lo que me estaba pasando. La de los sesenta fue una década muy convulsiva. Cuando uno se es joven, tiene que mostrar lo que vale. El ojo del tigre. Uno tiene urgencia de compartir con el mundo las energías de la juventud, y entonces lucha, dice, busca, discute y, por supuesto encuentra resistencia. Y cuando esa resistencia se enturbia con enredos y ataques, el ojo del tigre, inexorablemente, se multiplica.

-¿Hay actualmente en Cuba algo que anda mal y a lo que les has cantado?

-Es obvio que hay muchas cosas que andan mal en Cuba, y si estamos en esa crisis no es solamente por el bloqueo o por el derrumbe del campo socialista, sino por cosas que hemos hecho mal. A lo mejor a lago de eso no le he cantado, quizá porque se me ha escapado, o porque sencillamente no he tenido deseos de cantarle.

-El tema «Flores nocturnas» habla sobre las llamadas «jineteras». ¿Cómo vez esa realidad de tu patria?

-Yo escribí esa canción en 1990 o 1991, y veo esa realidad como resultado de nuestra crisis económica, donde siempre resurgen esas lacras y esos vicios sociales. Y no digo lacra como una puñalada. Sencillamente es el precio que nos hace pagar el constante deterioro de la economía de nuestros países. Males que nosotros criticábamos y nos afanábamos tanto en mostrar que habían sido desterrados de Cuba, nos han vuelto a tocar. Cicatrices que creíamos cerradas se han vuelto a abrir.

LO ÚNICO QUE YO SE ES TOCAR LA GUITARRA

El autor de «Unicornio» y «Rabo de nube» es un empedernido lector de ciencia ficción, colecciona puñales y ha dedicado algunas horas de su vida en observar las estrellas a través de un telescopio que después obsequió a un niño amigo suyo. Ha compartido escenarios con los mejores exponentes de la llamada «música de contenido», como lo son Juan Manuel Serrat, Ana Belén y Eduardo Aute, entre otros, y con los intérpretes como Juan Luis Guerra. El mismo José Feliciano grabó un tema de Silvio, para sorpresa de muchos. Pero todas las figuras con quienes ha compartido, siempre se remite al orgullo que le representa haber conocido al poeta Lezama Lima, precisamente a mediados de 1970, un año convulso, donde Cuba se balanceaba entre lo épico y lo imprescindible, entre los grandes sueños y algunas decepciones.

-Conocí personalmente a Lezama cuando dos amigos me llevaron a su casa y me presentaron como trovador. Y el me preguntó: ¿Así que usted es el juglar que canta por la radio? ¿Y ha estudiado teoría musical, conoce tales y más cuales conciertos? Y sin darme tiempo a responder, empezó a hablarme de ciertas conjeturas que se habían hecho alrededor del origen de la música y sus posibles puntos de nacimiento de Babilonia, Egipto, Grecia y Roma. Luego se lamentó de que no hubiera pistas parecidas, más o menos confiables, de la música primitiva de la India, China, Japón, Polinesia. Ofreció detalles del Concilio de Trento, donde se fijaron las normas para la música litúrgica católica. Disertó sobre la tonalidad y escalística, modulación, y contrapunto, métrica y rítmica, y por último recordó los nombres de algunos trovadores provenzales que fueron, a su vez, aristócratas y guerreros. En alguna pausa, tuvo que ver mi cara de estupefacción y entonces yo aproveché para decirle, «No, maestro, yo no entiendo nada de lo que usted me está diciendo. Lo único que yo se es tocar la guitarra y hacer canciones». Y el me respondió como queriendo sujetarme por una manga, al borde del abismo adonde yo estaba cayendo: ¿Y le parece poco?

-¿Crees que tus canciones y los aportes que has entregado a la música te permitirán ser un habitante de la posteridad?

-Si supieras.. Yo dudo de ésos aportes a la música, y considero que he sido una especie de espejismo que crearon determinadas circunstancias, porque el día que se analicen profundamente algunos aspectos de mi trabajo, se va a llegar a la conclusión de que en realidad no es tan valioso. Eso lo he pensado muchas veces. Expreso cierta inseguridad en lo que hago.

-De la música cubana que se hace en en exilio de Miami... ¿hay alguna que prefieres, que te gusta escuchar?

-Siempre he admirado a Celia Cruz. Me parece una cantante tremenda. Me gusta Gloria Estefan, tiene una voz muy linda y es una mujer hermosa. Willy Chirino es un buen sonero, autor de excelentes canciones, aún cuando en algunos casos yo no coincida con sus contenidos. Y Carlos Gómez, que vive allá, siempre he pensado que es un gran trovador, un fino guitarrista y un hombre de espíritu exquisito.

HAGO COMO QUE REZO

-En Cuba se emigra, ilegalmente, a través del mar, y han proliferado los «balseros». Se dice que la mayoría muere en la travesía. ¿Como ves esta realidad desde el punto de vista humano, al margen de las implicaciones políticas?

-Desde cualquier punto de vista, por que yo no entiendo la política sin humanismo, lo veo como un problema lamentable. Debe ser insoportable, para el que decide no vivir en un lugar, tener que seguir viviendo en él, contra su voluntad. Si yo pensara de esa manera, si tuviera tanta urgencia, tanta necesidad, a lo mejor se me ocurriría hacer eso. Debe ser muy desagradable vivir en un sitio con el que uno no tiene nada que ver. Yo elegí, pero hay quienes eligen de otra forma. Quisiera que se haga todo lo necesario para que eso no ocurra, en aras de la vida de toda esa gente.

-La imagen conocida de Silvio es considerada por muchos como compleja y causa constante de polémicas en Cuba. ¿Disfrutas esa imagen, la alientas de alguna medida?

-En realidad yo no cultivo ninguna imagen, pero no cultivar ninguna imagen es tener la imagen de una imagen no cultivada, aunque desde el momento en que uno sube a un escenario ya tiene una imagen. Los arranques de antivedetismo de los primeros años me libraron de actitudes vacuas, pero me pusieron a merced de otro tipo de esquema... el tipo difícil, agresivo, polémico. Y eso forma parte de la ingenuidad de los comienzos.

-¿Existe el Silvio grosero y de mal carácter que algunas veces ha sido cuestionado?

-Supongo que alguna vez habré dicho alguna grosería, y mal carácter supongo que también he tenido, pero no creo que esa sea una conducta que predomine. Con una o dos veces que haya sucedido, la gente se ha encargado de sacarle fotocopias de todos los tamaños y colores.

-¿Como suelen ser los periodistas contigo?

-Son periodistas, el periodismo como quehacer de sondeo y exploración se han desdibujado bastante. Ser periodista hoy es tener una noticia y hacer un poco de show con ella. Provocar. En un principio, algunas preguntas que me hacían, me alteraban, pero después me di cuanta de que aquello era como un ritual. Ahora llego, toco el agua bendita, me persigno y me siento en el banco. Entonces hago como que rezo.

BUENOS AMIGOS

A pesar de vivir ambos en Cuba, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez no comparten el escenario hace varios años. Tampoco es posible verlos juntos en ningún evento público ni uno habla del otro durante sus giras o entrevistas. Los motivos se desconocen, pero la suspicacia popular supone una separación física de quienes fueron vistos como los buenos amigos, inseparables, los máximos exponentes de la Nueva Trova que cantaba y rompía la censura de los gobiernos militares de América Latina en aquellos años.

-¿Volverá alguna vez la imagen de Silvio y Pablo cantando juntos en un mismo escenario?

-No lo puedo decir. Pregúntenselo a Pablo.

-¿Y si Pablo nos responde: ¿pregúntenselo a Silvio?

-Le pueden decir que por mí sí. Lo mismo que he dicho siempre. He sido invariable en ese sentido.

-¿Es cierto que Pablo y tú no son buenos amigos?

-Es incierto. Pablo y yo somos muy buenos amigos. Lo que sí es cierto es que hace mucho rato que no nos vemos.

MI FANTASMA

Inmerso en una problemática diaria de dificultades económicas y políticas, una parte del público cubano que durante años ha seguido a Silvio Rodríguez, lo acusa actualmente de no ser crítico con la realidad presente del país. Los cuestionamientos contra el trovador van desde calificarlo de estar acomodado y sentirse comprometido con el gobierno, hasta señalarlo como un traidor de sus propios pensamientos, expresados en los sesenta y setenta a través de las canciones que escribió.

De cualquier forma, convive con una nueva generación de jóvenes trovadores pocos conocidos fuera de Cuba, que componen e interpretan temas duros y nostálgicos sobre el presente inmediato, en un intento por dejar el presente inmediato, en un intento por dejar alguna crónica sobre los acontecimientos que más les preocupan, asuntos ausentes todavía en la prensa nacional.

Estos jóvenes, en la mayoría de los casos, casi treinta años después de los tiempos duros y difíciles que recuerda Silvio, tampoco aparecen en la televisión y sus contestatarias canciones no pasan por la radio. Como en los sesenta, el público que los sigue graba sus casetes en vivo, en cualquier improvisado recital, y luego los pasan de mano en mano.

Admirado por muchos, criticado por otros, Silvio Rodríguez escucha a los nuevos cantautores, y algunos han recibido los beneficios de su ayuda.

En algún momento de nuestra larga entrevista, Silvio nos preguntó algo que no tuvimos en cuenta, pero que encierra, al parecer, su compromiso con el pensamiento. Después de un breve silencio, y refiriéndose a nuestro extenso interrogatorio dijo:

-¿Ustedes se han preguntado por qué hago esto? Si hay algo en la vida que me ha enseñado, es que los hombres no deben huir de las cosas que los sobrecogen, y que la única forma de librarse de ellas es enfrentándolas... Yo hago esto para enfrentarme a mi fantasma.

 

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