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E n t r e v i s t a s



Entrevista realizada por Antonio Gómez a Silvio
para el colectivo ZECA en Madrid:

-El primer verso de la primera canción del disco , «entrar en el club de los cincuenta», creo que ya da una clave de por donde van a ir las cosas, que después se confirma. Me parece que, de alguna forma, una buena parte del disco es una recapitulación sobre las cosas que han sucedido en tu vida.

Silvio Rodriguez. Foto.-Tiene bastante de eso en general, y tiene también la alusión a algunas cosas que me han acompañado a lo largo de toda mi vida. La poesía, sobre todo. Hay mucha alusión a la poesía y un par de temas que se cuelan un poco sorpresivamente, que son las cosas que hice para Tartufo, una obra de teatro. Pero si, puede tener esa lectura de recapitulación.

-¿Y cual es el resultado?

-Creo que he logrado un disco bastante unitario en algunos sentidos, que, por lo menos dramatúrgicamente funciona. Le di muchas vueltas al acople del disco para que me funcionara una canción tras otra y para que, mas o menos, saliera un discurso con cierta coherencia. Con algunas sorpresillas por ahí, pero me propuse un poco llevar cierto pulso dramática, que no es simplemente textual, sino también musical, con clímax y anticlímax.

-Hay una canción que podría pasar desapercibida, pero que creo que indica una cierta clave para el oyente, que es la de Anton Pirulero, que en el disco se titula «Tema de los locos».

-¿Tu conocías esa canción?

-Naturalmente, es una canción de mi infancia que se cantaba en los juegos de niños, solo que en España se decía «cada cual aprenda su juego» y no «entienda» como se dice en el disco.

-En Cuba era «entienda».

-A mi me parece como una especie de clave que lanzas al oyente. ¿La incluiste con esa idea?.

-En cierta medida si.

-Algo así como que cada cual se atenga a las consecuencias de lo que es...

-Exactamente. Este es uno de los temas que entran en el disco y que pueden parecer un poco locos. Esta escrito para Tartufo, que es una adaptación al texto de Moliere, una obra de teatro que trata de unos locos que toman el local donde se va a poner esa obra y desplazan a los verdaderos actores y ellos hacen su propio montaje. Dentro del disco es una canción dentro de la canción o un mensaje dentro del mensaje general. Es un texto que a mi me viene de la infancia y me parece que es inmortal, porque tiene una carga de misterio, una polisemia, una gran cantidad de interpretaciones que resulta muy sugestivo, eso de «Anton Pirulero, cada uno entienda (o aprenda) su juego y el que no lo entienda pagara una prenda». es decir que hay algo que aprender y si no entiendes eso pierdes una prenda. Es un texto de una claridad y, al mismo tiempo, de un hermetismo impresionantes.

-Es decir, es coherente no solo con este disco, sino con el conjunto de tu obra, que es hermética y clara a un tiempo, con ese juego continuo de metáforas, que clarifican pero al mismo tiempo ocultan el sentido inmediato de las canciones. ¿Prefieres la sugerencia a la proclama?.

-Sabes que eso me ha pasado siempre. Yo escribo así no porque me lo proponga, sino porque me sale. Es que no se escribir de otra manera. Pienso que esa forma de escribir, aunque pueda tener la desventaja de la dificultad de comunicación inmediata con las entendederas humanas, tiene la ventaja de hacer participar al que escucha y de ponerle la cabeza en activo, de dispararle la imaginación y, por supuesto, la participación. Es como darle a la gente la posibilidad de que recree lo creado y que juegue y participe con uno de la creación. La creación entre comillas, porque ya se sabe que nadie crea nada nuevo.

-En ese sentido de reflexión sobre el paso del tiempo, que pienso es una reflexión personal y política a un tiempo, ¿crees que ha merecido la pena el viaje?.

-Fíjate lo que dice en una canción: «Yo no creo que haya sido en vano, pero pudo ser mucho mejor».

-También dices en una canción que hay que vivir con los sinsabores.

-Es en la canción que dedico a Amaury Perez. Es que los niños han de aprender a crecer con sinsabores.

-¿Los niños y las sociedades?

-Es que, en definitiva, todos somos niños. ¿Quien sabe si hasta las sociedades también son niños?.

-¿No tienes en ocasiones un cierto miedo a no ser entendido?

-Tú sabes que a estas alturas... Quizás ese temor me lo provoco en un principio el hecho de que cierta gente me dijera que no se entendía lo que decía, pero si en aquel momento no se me partieron las piernas, imagínate tu que a estas alturas se me partan. De todas formas siempre hay gente que entiende, o que entiende lo suficiente para entender. Tampoco creo que haya que entender verso a verso, linea a linea lo que uno escribe. Además, yo creo que es imposible, porque ¿cómo te vas a meter en la cabeza de un autor y como vas a seguir todos los vericuetos de sus intenciones?. Como ejemplo te pongo la misma experiencia que tengo yo a veces con la poesía de poetas a los que quiero y he leído tanto como el mismísimo Cesar Vallejo.

-Fue es otro escritor oscuro.

-Aja. Entonces yo no podría garantizar que cada verso de Vallejo lo haya descifrado al leerlo con toda la intencionalidad que el lo cargo, pero lo que si te puedo decir es que cada verso de Vallejo a mi me llega como si fuera una revelación, y eso es lo que me interesa, ese tipo de comunicación que es a veces extraliteraria, extraverbal, y que es sencillamente esa pasión que también crea el verso, esa imagen, ese impacto que puede crear el verso en cada persona.

-En el disco ha creído ver en algunas canciones una reflexión sobre tu carrera musical, sobre el oficio de cantor. En versos como cuando dices «me pregunto que negocio en este / que hasta el deseo es un consumo». ¿en que medida el consumo del arte puede trivializar el trabajo de un artista?.

-Bueno. El artista tiene que usar intermediarios, y quizás en ese sentido haga que se pueda desvirtuar en algo la intención artística, pero yo creo que cuando un artista establece un código de comunicación, que es aceptado y entendido creo que puede saltar por encima de todas las cosas intermediarias entre el comunicador y el comunicando.

-El otro día, después de acabar de escuchar el disco, estaba leyendo una biografía de Woody Allen y el se refería a este tema explicando que a veces, como cuando hizo «Annie Hall», le venia la tentación de seguir haciendo siempre la misma película, o películas similares a las que le habían dado tanto éxito, pero que precisamente era entonces cuando hacia cosas como «Septiembre» u «Otra mujer», obras que sabia que no iban a ser recibidas igual, pero que le gustaba hacer como una terapia contra el éxito. ¿Crees que hay que tenerle ese miedo al éxito?, ¿que puede llevar al adocenamiento, a la repetición, a la castración creativa?

-Yo me acostumbre a luchar contra eso de una manera mucho mas brutal, si se le puede llamar de alguna forma. Empece luchando contra mi mismo, tratando de no hacer dos canciones iguales, y ya eso significa mucho. En primer lugar un cierto desgarramiento, porque uno quiere seguir con la misma temática, y como ejercicio es formidable, porque siempre te tiene como punto del infinito. Lo único es que la música es un lenguaje ilimitado y limitado a la vez, sobre todo cuando uno ha transitado en el mundo de la música, que ella te va estrechando el camino. A veces no es fácil no parecerse a uno mismo. Te digo esto como prevención de aquellos otros factores que te invitan y te tientan a repetirte para gustar, a repetir una formula que ha tenido éxito, pero yo no he dejado ni que me guste siquiera a mi mismo lo ultimo que hice y siempre lo he tratado de superar en cada canción nueva.

-¿Es necesaria una cierta insatisfacción como forma de ir adelante?

-Si. Es como un cierto troskismo interno, la revolución permanente del intelecto y, a veces, hasta del sentimiento.

-En otra canción dices algo así como «me gustaría crear un partido de sueños / talleres donde reparar alas de colibríes», ¿sigue siendo un elemento necesario la utopia?

-Para mi la utopia no es que sea necesaria, es una condición, una forma de vivir. Esta canción, quiero que sepas, que esta basada en un pensamiento de Jose Marti, que decía que las verdades esenciales caben en el ala de un colibrí. Y bueno, es una indicación de que participen todos los que han sido sacados del juego de la vida. No es mas que eso, una canción lo mas abierta posible para que quepan en ella todos los olvidados.

-¿Hay en ella una cierta insatisfacción por lo que pudo haber sido y no fue, por la distancia entre la realidad y el deseo?

-Quizás es hasta un reflejo del mismo transcurso de la vida. Cuando uno esta en la adolescencia, a uno le parece que todo lo que piensa, todo lo que ansia, lo va a poder realizar, pero cuando uno llega a cierta edad se da cuenta que no es mas que un trocito en esa larga hilera de caminantes que es la humanidad y que lo que a uno le corresponde no es mas que completar un pedazo de ese camino, que efectivamente pudo realizar muchas cosas pero que tiene que dejar muchas otras para que las completen los que vienen. Uno no puede abarcar toda la existencia.

-¿Y si se llega al final del camino o, a lo mejor, no es necesario llegar, o incluso no es conveniente llegar?

-Es probable que hasta sea una estupidez llegar, en cualquier caso lo que no resulta una estupidez es pretenderlo. Pretender ser mejor.

-Es decir, que son verdad esos versos de Machado de «caminante no hay camino, se hace camino al andar».

-Efectivamente, el maestro lo dijo de la manera mas contundente.

-Otro tema que percibo en el disco es un cierto sentimiento de acoso. Dices: «vuelve a arrancarme el ratero el sabor de mi bolero», y te refieres también a los que quieren matarte.

-Eso es muy metafórico. Ponle el apellido que quieras, pero se refiere a las adversidades en general.

-¿De la vida personal, de la social y política?

-De todas las vidas. De las 15.000 vidas del caminante, que diría Luis Rogelio Noguera.

-Pero tu te pones muy resistente frente a esas adversidades...

-Es una broma. Tu sabes que los cubanos tenemos una cosa... Es un poco asumir un característica de nuestra idiosincrasia, que es la jactancia. Es como jactarse de que me quieren hacer muchas cosas, que no todas resultan positivas.

-Dices: «me quieren enterrar los homenajes», ¿se puede matar o morir de amor?

-Hay amores que matan.

-¿Te has enfrentado con muchos de ellos?. Me da la impresión de que lo dices en el sentido de que hay admiraciones y amores que no te dejan ser lo que eres, que no te dejan cambiar, que tienen una imagen estereotipada de ti y no quieren que la cambies.

-Digo eso de los homenajes en el sentido de que cuando uno tiene una trayectoria hay un sentimiento que se provoca en cierta gente de gratitud, de querértelo agradecer constantemente, y eso es un poco como estratificarte, como detenerte, como cristalizarte. Ya tu eres esto, ¡quédate ahí!. y todo lo que tiende a cristalizarte te petrifica, sencillamente no te deja moverte, y mientras uno esta vivo tiene que estar en movimiento.

 

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