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E s c r i t o s
Silvio, el eterno trovador
Daniel Domínguez Z.
De La Prensa
Silvio Rodríguez tiene casi tres décadas de ganarse la vida escribiendo hermosos versos que luego canta con su guitarra.
Su voz y sus ideas no envejecen con el tiempo, que siempre pasa. Parece que hubiera llegado a un acuerdo secreto con el reloj de arena: que mientras siguiera explorando las emociones del corazón humano, tendría la potestad de ser inmortal.
Muchas de las más de 500 canciones (``nunca se dice lo bastante, por eso siempre ando buscando fisuras en el mundo del silencio'') que ha escrito las ha hecho en aquellas horas que anteceden al amanecer, cuando la ciudad permanece dormida y la soledad le brinda su compañía.
No tiene un método para componer, aunque no le gusta que lo vean trabajar. Escucha los consejos que le susurra al oído su guitarra y ha llegado tarde a reuniones por tener en la punta de su corazón la letra de una nueva canción.
Ha creado piezas en cuartos de hoteles, en el baño de su casa, entre fusiles y granadas, en un camarote de barco y con una cámara de grabación en sus hombros.
Su primera canción compuesta no fue una crónica social, sino un bolero triste de amor titulado Saudade.
``La canción se hace sufriendo. Por muy alegre que sea la canción, uno la sufre siempre. La canción se hace en medio de una agonía tremenda'', explica el artista en el libro Silvio, que levante la mano la guitarra, de Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras (importante fuente para este trabajo, además de varias entrevistas publicadas en distintos medios escritos e Internet).
Al diario español La Vanguardia, en julio, el cantante -quien dice que nunca calculó que iba a ganar dinero cuando empezó a hacer canciones- afirmó que sigue al lado del pueblo cubano.
Dijo además que «buena parte» de sus ganancias las invierte en «la promoción de otras instancias culturales»' y admitió que en Cuba, como en otras partes del mundo, «los artistas de éxito tenemos más facilidades para vivir»'.
Su estilo musical está basado en una estética austera que parte de las posibilidades de su voz, sobre todo con textos líricos y literariamente bien trabajados. Combina lo social con la poesía, la denuncia y la política porque estas temáticas son «difíciles de desligar cuando uno ha nacido en un país como Cuba»', comentó un día.
Silvio ha precisado que su forma de componer tiene mucho que ver con la forma más tradicional de Cuba, y que compone por una elemental necesidad física.
Sus influencias musicales guardan relación con la guajira y el son; también con Bob Dylan, Beethoven, Elvis Presley, Tchaikovsky, Woody Woodfly, Benny Moré, Mozart y los Beatles.
En 1964 comenzó a deletrear paraísos, aprendió de la tarde y del obrero, del amor y del misterio de la selva y la ciudad.
El primero de julio de 1967 ofreció su primer recital en la sala del Museo de Bellas Artes, junto a un grupo de noveles trovadores.
El 18 de febrero del siguiente año, al lado de Pablo Milanés y Noel Nicola, desgranó canciones en la Casa de las Américas, en un recital que dio inicio formal a lo que hoy conocemos como la Nueva Trova cubana.
A partir de 1972, Silvio comenzó su peregrinaje por varios puntitos del mundo, actividad que todavía continúa. En 1975 grabó su primer larga duración, Días y flores. Le siguen Al final de este viaje (1978), Mujeres (1979), Rabo de nube (1980) y Unicornio (1982).
En 1984 ofreció su disco triple Tríptico, dedicado a la conmemoración del 25 aniversario de la revolución cubana. Luego vinieron Causas y azares (1986), Oh melancolía (1988) y Silvio Rodríguez en Chile (1991). Otras grabaciones suyas son Arboles junto a Roy Brown (1987) y Mano a mano al lado de Luis Eduardo Aute.
Silvio Rodríguez Domínguez nació el 29 de noviembre de 1946 en San Antonio de los Baños, Cuba. A los siete años de edad escribe sus primeras poesías y desde antes cantaba como actividad familiar.
Tiene cinco hijos, en orden de llegada a este mundo: Violeta, José, Ernesto, Silvio Lyan, Omar y Mauricio.
Reside desde siempre en Cuba.
Ojalá
En enero de 1996 Silvio creó el estudio discográfico «Ojalá», ubicado en el barrio residencial de Miramar, en el oeste de La Habana.
A EFE anotó hace unos meses que es «un sello modesto, no sólo sin pretensiones, sino con discretas posibilidades. Surge a partir del declive de la edición discográfica en Cuba, como una forma de abrir un nuevo frente que colabore en la proyección musical. Queremos que sea un sello con la mayor libertad posible para dedicarnos a lo valioso culturalmente. Estoy convencido que el comercialismo es un enemigo de la espiritualidad».
En su propio estudio grabó su más reciente trabajo Domínguez, además un disco de rap cubano de Edesio Alejandro y colaboración del atleta Javier Sotomayor, y otro de Frank Fernández con Anabel López. También se prepara una antología de trovadores cubanos jóvenes que se plasmará en dos discos.
El estudio costó alrededor de 800 mil dólares (recibió ayuda, entre otros, de los músicos Luis Eduardo Aute, Chico Buarque y Fito Páez), cinco años de dolores de cabeza y varias gestiones al más alto nivel, incluidas conversaciones con Fidel Castro.
Su objetivo es alquilar «ojalá» (título de una de sus más conocidas canciones) a aquellos músicos que lo deseen, y con el dinero obtenido cubrir los gastos de mantenimiento e invertir los beneficios en promocionar la música cubana y a los jóvenes talentos.
En agosto de este año presentó en Cuba su libro Canciones del mar, recopilación de piezas (algunas todavía inéditas) que escribió el cantante en 1969 en alta mar y con fotos de aquellos años.
Al respecto, Silvio comentó al diario español El País que en aquellos años «estaba encerrado en el camarote, me habían prestado una grabadora de casete, la primera que veía en mi vida, más tres cintas... y fueron saliendo las 62 canciones».
A partir de este mes, y hasta enero del año que viene, realizará una gira por Cuba. Posteriormente viajará a varios países del sur del continente americano.
Trilogía
El 21 de septiembre es la época en que ambos hemisferios cambian de estación y llega la primavera al sur del globo terráqueo.
Y también fue la fecha del lanzamiento mundial de Domínguez, más reciente disco de lo que Silvio ha llamado su trilogía familiar, que comenzó con Silvio (1992) y continuó con Rodríguez (1994), un homenaje a su padre.
Este acontecimiento ocurrió de forma simultánea en Cuba, México, Chile, Puerto Rico, España y Argentina.
«Este nuevo tríptico es una reivindicación del arte de trovar: que se puede hacer música y canción, que se puede llegar a la gente a través de la hermosura, ese sonido más íntimo»', dijo en una conferencia de prensa en Madrid hace tres meses.
Y allí explicó que «es un poco difícil plantearse tres discos desde el ámbito de la guitarra y las voces, sin otros recursos. En esta tercera parte empecé a notar que me hacían falta otros instrumentos, por eso incluí el bajo acústico y también hice ambientes electrónicos discretos».
«Domínguez semeja una transición. Esta especie de desplazamiento parece dirigirse hacia adelante y la sensación no está dada solamente por lo tríptico. Creo que musicalmente se va a notar, porque es muy cambiante»', sostuvo a EFE.
En Domínguez, Silvio fue el autor de los 13 hermosos e imaginativos temas y de los arreglos, además de ser productor y director general.
En este disco critica el consumismo de la sociedad moderna, su llegada al medio siglo de existencia, su interés de construir un taller donde se reparen alas de colibríes, de trovadores que andan como vagabundos poetas por la Tierra y además ofrece una defensa al comunismo con estrellitas, ilusiones e incomprensiones, y hace de una pena y un dolor un bello canto.
En esta producción su madre, Argelia Domínguez, canta con su hijo la tierna pieza «El viento eres tú», y una bella fotografía suya, cuando tenía 18 años, ilustra la portada del disco. De esta manera el cantautor hace un homenaje a esa guapa dama a la que le debe su pasión por el ritmo.
También su hermana, Anabel López Domínguez, interpreta con su hermano la conmovedora canción Si seco un llanto.
A El País planteó la posibilidad de hacer un cuarto disco con restos de esta trilogía.
Posiblemente se llame Descartes, aunque «haya que explicar que determinadas canciones no se incluyen sencillamente por problemas de cómo encajarlas: cada disco tiene una dramaturgia que rechaza temas que no entran en la secuencia ideal».
El nombre de Silvio Rodríguez ya está inscrito en la historia de la música latinoamericana. Su importancia musical va más allá de ideologías naranjas o verdes, pues hablar de la vida diaria es más valioso que ponerse a discutir si la derecha es mejor que la izquierda, ya que al final la vida está hecha de poesías, dolores, sueños y abrazos.
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